Dado el momento de desaceleración económica, no parece conveniente una reforma adicional que incremente la carga impositiva. Por el contrario, la política fiscal debe ser contra cíclica, disminuyendo tributos. Además, una reforma más, genera demasiada inseguridad jurídica (cada 1.7 años tenemos una), aunado a la premura legislativa y recaudatoria que implica cometer múltiples errores normativos (sustanciales y de discusión parlamentaria) que hacen que surjan inexequibilidades, con sus funestas consecuencias sobre la confianza inversionista y el desarrollo de los negocios.
El mejor camino es que nuestro sistema tributario “imperfecto” evite
la evasión, la elusión fiscal y el abuso de las formas jurídicas, con el fin de
garantizar un mayor cumplimiento tributario. Así, debemos trabajar en el
fortalecimiento de la cultura tributaria y del cumplimiento tributario. Para esto, mis propuestas han girado en torno a tres ejes:
I) educación tributaria, desde la formación básica, pasando por la superior;
II) evitar amnistías tributarias y normalizaciones, que premian a los incumplidos; y,
III) elaboración e implementación de Códigos de Ética para contribuyentes, asesores y administraciones tributarias.
Precisamente sobre la relación de la ética con el ejercicio del derecho tributario, existen dos instrumentos con que cuenta la administración…
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